viernes, 17 de octubre de 2008

Primer Mundo grasa - Jeremy Rifkin


Clarín.com » Edición Domingo 17.06.2001 » Zona » Primer Mundo grasa

TENDENCIAS

Primer Mundo grasa Jeremy Rifkin


Nunca en la historia del hombre hubo tantos excedidos de peso como se registran ahora en los países y sectores más acomodados. En su último libro Ecocidio, Rifkin, analiza el fenómeno. De allí es el texto que sigue.




JEREMY RIKFIN. Economista.

Después de haberse ganado el ingreso al círculo exclusivo de los carnívoros, los pueblos comienzan a asimilar la grasa que comporta cada nivel de la escala de las proteínas. Las culturas del bife del hemisferio septentrional son gordas y en muchos casos, obesas.


Sobrepeso y obesidad fueron asociados durante mucho tiempo a bienestar y poder. Entre algunas tribus de Africa occidental, los adolescentes de las clases privilegiadas viven en cabañas especiales de engorde, donde, por un período que dura hasta dos años, son hiper-alimentados con miras al matrimonio. En la Roma imperial, la obesidad estaba tan difundida que el gobierno se vio obligado a promover una ley para limitar las sumas de dinero que podían gastarse en comida y el número de comensales que se podía invitar a un banquete. En la Edad Media, la glotonería era más bien común entre los nobles, que la consideraban un signo tangible de bienestar. La iglesia, en cambio, desaprobaba la glotonería y la consideraba un pecado, aunque venial. En el Infierno de Dante, uno de los doce días está reservado a los golosos. En el Renacimiento, la nueva riqueza se expresaba también a través del cuerpo: los artistas de la época retrataban con frecuencia a mujeres obesas, envueltas en géneros preciosos, en interiores decorados lujosamente; una modelo, para poder llegar a ser retratada por Rubens, debía pesar por lo menos 90 kilos.


En las colonias estadounidenses, los puritanos impusieron a los primeros colonos una actitud tendiente al ascetismo, oponiéndose a los placeres de cualquier índole. Pero esta raíz ascética no bastó para frenar los apetitos de las sucesivas generaciones de inmigrantes, atraídos por las riquezas de un continente generoso. La época posterior a la guerra civil se caracterizó por un desarrollo y un crecimiento sin precedentes: los hombres se enriquecían y celebraban la conquista de la riqueza librándose a todos los excesos posibles. Tal vez no sea casualidad que la "era de la corpulencia" -como la definieron los comentaristas de la época- haya coincidido con el advenimiento de la cultura del bife. Alimentarse de carne bovina era un símbolo de la "buena vida", y, en las nuevas poblaciones, las "steak houses" se construían con la misma rapidez que las iglesias. Ya en los inicios del siglo XX, Estados Unidos había superado a Inglaterra en el consumo de bovinos. No sorprende, pues, que los estadounidenses, a fuerza de atiborrarse de carne llena de grasa de bovinos terminados a cereales, se hayan convertido en un pueblo de obesos. Según el Center for Disease Control, en Estados Unidos, más de 34 millones de individuos son gordos: en el Midwest y en el Sur el problema está levemente más difundido que en el Noreste y el Sudoeste. Otras investigaciones estiman que una cuota comprendida entre el 24 y el 27% de la población de Estados Unidos está excedida de peso. Aunque los factores que inciden son muchos el consumo de animales gordos es uno de los que más contribuye a la explicación del fenómeno. Desde el punto de vista de la tendencia, la población de todos los países industrializados occidentales está excedida de peso. Sin embargo, entre un país y otro existen diferencias.


Un análisis comparativo de las poblaciones de Estados Unidos, Canadá e Inglaterra, reveló que las diferencias de peso están fuertemente relacionadas con la riqueza relativa. La población de Estados Unidos resultó, en promedio, más gorda, seguida por la canadiense y la inglesa, lo cual llevó a los investigadores a inferir que la clasificación de estos tres países en base a la incidencia general del exceso de peso corporal corresponde a la del nivel relativo de bienestar.


En cuanto a la salud pública, lo importante es averiguar si el aumento de la prosperidad promovido por cada país implica en la población niveles aun más elevados de sobrepeso y de patologías afines. Nunca, en la historia, los hombres estuvieron tan excedidos de peso. Los pueblos que, en el hemisferio septentrional, se alimentan de carne bovina terminada a cereales están oprimidos por la grasa al punto de que, en el transcurso del último siglo, surgió con fuerza un nuevo fenómeno, que pasó a ser parte integrante de la cultura occidental: la dieta. Si bien es cierto que siempre se hicieron dietas para adelgazar, desde la antigüedad y en todas las culturas, estuvieron a menudo asociadas a la purificación y ligadas al ámbito religioso. La abstención de comer era una forma de sacrificio, una penitencia, un homenaje a la divinidad. Hoy, la gente sustituyó la divinidad por la propia imagen y en homenaje a ella se niega el alimento. Los estadounidenses gastan 5 mil millones de dólares al año en bajar de peso. La mayor parte de las personas que siguen una dieta para adelgazar señalan el aspecto físico y la belleza como factores motivadores de la renuncia. En encuestas realizadas a nivel nacional, el 44% de las mujeres americanas, y el 21% de los hombres declaró que quería bajar de peso.


Hoy, una de cada dos mujeres está a dieta "durante la mayor parte del tiempo". Prácticamente, la dieta pasó a ser una obsesión colectiva: más del 63% de las estudiantes secundarias de Estados Unidos -y un sorprendente 16,2% de los varones- admite que está haciendo dieta. En 1987, la revista Ms. señaló que "la mitad de las chicas de catorce años hace dieta". Los médicos sostienen que la idea de quemar kilos para ser más bellos comienza a manifestarse ya en niños de cinco años.


Esta fijación casi patológica por la delgadez hizo aumentar considerablemente la incidencia de los desórdenes alimentarios, como anorexia nerviosa y bulimia, entre las adolescentes de clase media y alta. La opinión pública presta gran atención a estos desórdenes alimentarios, pero cabe subrayar que la desnutrición voluntaria y el recurso ocasional a purgas han pasado a ser norma para la mayoría de las mujeres americanas, al igual que para un número discreto de hombres. En una investigación de la revista Glamour, que abarcó a 33 mil mujeres, "resulta que 50% de las lectoras que respondieron toma píldoras dietéticas alguna vez o con frecuencia; que 27% hace dietas líquidas; 18% toma diuréticos; 45% "ayuna". Increíblemente comunes son también las técnicas más drásticas, como la eliminación de la comida (a veces después de una comilona): 18% toma laxantes; 15% recurre al "vómito auto-inducido". Los antropólogos, sociólogos y psicólogos reflexionaron sobre las razones que, durante el siglo pasado, determinaron ese cambio en los criterios de belleza, robustez y delgadez: el paso de hábitos principalmente relacionados con la actividad agrícola a un estilo de vida determinado por el modelo industrial; el aumento de la urbanización; los medios de transporte y comunicación veloces contribuyeron a cambiar los hábitos sedentarios de la pequeña ciudad estadounidense.


El siglo XX fue el siglo del movimiento, de la preeminencia de la función sobre la estructura y de la energía sobre la materia. Un cuerpo voluminoso no es una imagen adecuada para el ritmo frenético de la vida moderna. El paso de las tecnologías industriales a las informáticas aceleró la transición de la fuerza bruta a la rapidez mental, del cuerpo a la mente. La gordura fue asociándose cada vez menos a la opulencia y más a la lentitud y la pesadez. Ser gordo comenzó a significar ser letárgico, lento, perezoso, duro de entendederas. En un mundo donde el cronómetro y los programas de trabajo, los principios científicos de la gestión empresaria y la eficiencia se habían convertido en el paradigma dominante, ser gordo significaba ser obsoleto. Si, anteriormente, gordura y opulencia habían sido signos de éxito, las nuevas generaciones eran más propensas a decir, como la duquesa de Windsor: "Riqueza y delgadez nunca son suficientes".


El cambio en la altura, el peso y las medidas de la famosa White Rock Girl -modelo de belleza americana- nos ilustra cómo, durante el siglo pasado, la imagen pasó progresivamente de la gordura a la flacura. "En 1894, el ideal era representado por una modelo de un metro sesenta y cinco, con sesenta y tres kilos, noventa y seis de caderas y noventa y tres de busto. En 1947, ya había bajado a cincuenta y seis kilos y en 1975 a cincuenta y tres, si bien su altura había aumentado a un metro setenta y cinco". Aunque la delgadez sea la norma a que aspiran la mayoría de los americanos y los europeos, la realidad es que, en todo el mundo, la gente acomodada es cada vez más gorda. Los pueblos del hemisferio septentrional son los herederos de seis mil años de alimentación a base de carne, que alcanzó su punto culminante en los abusos del siglo XIX: incapaces de conciliar su ansia atávica de grasa con la nueva imagen delgada y magra, quedan prisioneros de un exceso consumista, expiado con dosis masivas de purgantes. Un caso único en la historia de la humanidad.




(c) La Repubblica y Clarín, 2001. Por Jeremy Rifkin. Traducción de Cristina Sardoy




















Jeremy Rifkin Premio nobel de economia - Nos conviene un menú cada vez más vegetariano



Jeremy Rifkin. ECONOMISTA NORTEAMERICANO.
Nos conviene un menú cada vez más vegetariano
Aunque hay creciente preocupación por los cientos de millones de automóviles, ómnibus, camiones, aviones y trenes que escupen dióxido de carbono a la atmósfera, calentando el planeta y amenazando con un cambio fundamental en el clima de la Tierra, se pasa por alto una fuente aún más solapada de gases que producen calentamiento global. Quizá el lector se sorprenda al enterarse de que la carne que ponemos sobre nuestra mesa es ahora la culpable número uno del cambio climático mundial.
Según un nuevo informe elaborado por la Organización de Alimentos y Agricultura de las Naciones Unidas (FAO), el ganado genera el 18 % de las emisiones de gases de efecto invernadero. Este porcentaje no sólo abarca el transporte. Aunque el ganado —sobre todo el vacuno— produce el 9 % del dióxido de carbono derivado de la actividad relacionada con el hombre, genera una proporción mucho mayor de nocivos gases de efecto invernadero. El ganado origina el 65 % de las emisiones de óxido nitroso relacionadas con el hombre.
El óxido nitroso tiene casi 300 veces el efecto de calentamiento global del dióxido de carbono. La mayoría de las emisiones de óxido nitroso provienen del estiércol. El ganado también emite el 37 % de todo el metano inducido por el hombre —gas que tiene 23 veces más impacto que el dióxido de carbono en el calentamiento terrestre.
Actualmente, el ganado ocupa el 26 % de la superficie terrestre libre de hielo. Más de un tercio de la tierra cultivable del mundo se utiliza para producir granos forrajeros para animales en lugar de granos alimentarios para los seres humanos.
Tradicionalmente, el ganado se alimentaba en las tierras de pastoreo. Fue recién en el siglo XX cuando empezamos a convertir vastas extensiones de tierra cultivable que producían granos alimentarios en tierras de producción de forraje para que los consumidores más acaudalados pudieran comer carne de animales alimentados con él. Al haber más tierras dedicadas al cultivo de forraje, millones de los seres humanos más pobres del mundo han sido relegados a tierras más marginales o desarraigados por completo, lo que les dificulta cada vez más mantener una ingesta calórica diaria siquiera modesta.
El ganado vacuno por sí solo literalmente está devorando ecosistemas enteros. Gran parte de las selvas tropicales que aún existen en lugares como el Amazonas está siendo talada para hacer lugar a las tierras de pastoreo. Al mismo tiempo, la tierra cultivable de todo el mundo se erosiona debido a la tala excesiva, y el agua dulce que queda en el mundo se contamina con los desechos animales y los pesticidas.
En el futuro, el problema se agravará. La FAO calcula que la producción mundial de carne se habrá duplicado en 2050, con consecuencias potencialmente catastróficas para la biosfera del planeta.
La FAO también enumera correctivos que incluyen métodos de conservación del suelo más eficaces, mejoramiento de la dieta animal para reducir las emisiones de metano y elevar la eficiencia de los sistemas de irrigación.
Las soluciones de la FAO parecen casi risibles porque no abordan la cuestión central. El problema es que hay más seres humanos que se alimentan en un punto más alto de la cadena alimenticia de la Tierra, con dietas muy centradas en la carne, a expensas del bienestar del planeta. ¿Por qué entonces en el estudio sólo se alude tangencialmente a una dieta más vegetariana y no se formulan recomendaciones para reducir el consumo de carne?
Quizá la razón sea que la industria mundial de la ganadería es el sector de más rápido crecimiento de la agricultura mundial. Da empleo a 1.300 millones de personas y representa el 40 por ciento de la producción agrícola mundial.
La industria ganadera emplea el equivalente a casi cuatro litros de nafta para producir medio kilo de carne vacuna engordada a corral en los Estados Unidos. Para satisfacer los requerimientos anuales de carne vacuna de una familia tipo —aproximadamente 120 kilos— se debe consumir unos mil litros de combustibles fósiles. Cuando ese combustible se quema, libera más de 2,5 toneladas de dióxido de carbono adicional hacia la atmósfera —tanto dióxido de carbono como el que emite un auto promedio en seis meses de uso normal—.
Naturalmente, la reacción inmediata al más mínimo reclamo de reducción del consumo de carne en la dieta es que los seres humanos son carnívoros y necesitan carne para mantenerse sanos. No es cierto. Los Homo sapiens somos omnívoros. Como nuestros parientes más cercanos, los chimpancés, hemos evolucionado para basar nuestra alimentación en frutas frescas y verduras con un consumo de carne sólo ocasional. Aunque la carne es parte de la dieta, hasta el siglo XX era más un condimento que un plato principal.
¿Pero acaso no necesitamos la proteína adicional que contiene la carne para llevar una vida sana? En realidad, el estadounidense promedio ya consume mucha más proteína de la que puede absorber el cuerpo. Una dieta balanceada y basada en vegetales fácilmente puede proporcionar toda la proteína que necesita una persona para mantenerse sana.
Copyright Clarín y Jeremy Rifkin, 2007. Traducción de Elisa Carnelli

lunes, 13 de octubre de 2008

Judaísmo y Vegetarianismo


Judaísmo y Vegetarianismo


Es desconocido el hecho de que existen personas de religión judía que abrazan el vegetarianismo como una faceta compasiva de su religión. Este hecho, unido a los escándalos en la producción de la carne kosher (la única permitida en la dieta judía), me ha llevado a investigar más sobre la alternativa vegetariana en las dietas de los judíos... ¡lo que es totalmente posible, e incluso deseable! Porque cualquier religión que no ejercite la compasión hacia los más débiles, sin voz y los vulnerables es impracticable e inaceptable.



Judaísmo y consumo de carne
La Torah (libros sagrados judíos, los cinco primeros de la Biblia cristiana) y el Talmud (discusiones rabínicas de las revelaciones) están llena de mandamientos y juicios que pregonan un trato humano para los animales, que llaman a la caridad y compasión con ellos:
"La tierna piedad de Dios se cierne sobre todas sus criaturas" (Salmos, 145:9).
"Los justos respetan la vida de los animales" (Proverbios 12:10)".
Las enseñanzas de Dios te obligan no sólo a evitar el dolor innecesario en los animales, sino también a ayudar, y cuando puedas, a curar el dolor cuando veas a un animal sufriendo, incluso si su dolor no ha sido provocado por tí." (Rabino Samson Raphael Hirsch, Horeb, Cap. 60, Sec. 416).
El término hebreo nefesh chaya ("alma viviente") fue usado en el Génesis (1:21, 1:24) tanto para los animales como para las personas. Moisés y el Rey David fueron considerados aptos para el liderazgo del pueblo judío por su compasión de las ovejas que tenían bajo su cuidado. Rebeca fue recomendada como esposa para Isaac por su amabilidad y cuidado al dar de beber a los 10 camellos de Eliezer, así como el sirviente de Abraham, Judah -redactor del Mishna- fue condenado al dolor por muchos años, por maltratar a los terneros camino del matadero... Asimismo, se considera el día sábado como sagrado también para los animales, quienes tienen el derecho de pastar libremente y gozar ese día del contacto con los suyos y la naturaleza. En el Deuteronomio, la Torah instruye que nunca debe separarse a una madre de su cría.La matanza kosher (pura) está también regulada por ley judía: el matarife debe ser un hombre instruido y piadoso, el animal debe estar sano, y el cuchillo con un filo y una hoja perfectas, para evitar dolor e imprecisiones a la hora del sacrificio. El animal debe ser muerto con un sólo corte limpio y rápido, que corte las mayores arterias que van al cerebro. Sin embargo, el 90% de la carne que está en el mercado proviene de las granjas industriales, donde la práctica kosher no se respeta. En Estados Unidos, una investigación de PETA dejó en evidencia que toda la carne kosher del mercado norteamericano -la que incluso se exportaba a Israel- era de todo menos kosher.

Como bien se explica en el sitio Jewish Veg:
"No podemos ser compasivos ni aborrecer la crueldad, no podemos creer en los decentes cuidados para los animales escritos en la Torah que nos dió Dios, si no podemos ser buenos judíos y seguimos pagando por el tormento de estas almas abusadas. Como dijo el premio nobel, Isaac Bashevis Singer: "mientras el ser humano continúe derramando la sangre de los animales, nunca habrá paz... No habrá justicia mientras el hombre sostenga un cuchillo o un arma en su mano y destruya a los que son más débiles que él".

http://www.jewishveg.com/jva.html

"Estamos destruyendo el Amazonas para alimentar vacas"



ENTREVISTA: JEREMY RIFKIN Presidente de la Fundación de Tendencias Económicas
"Estamos destruyendo el Amazonas para alimentar vacas"
MARUXA RUIZ DEL ÁRBOL - Madrid - 27/06/2008


Jeremy Rifkin es un economista de 65 años. Asesoró a Al Gore sobre economía y ecología durante la Administración de Bill Clinton. Una reconocida voz que desde hace años no se siente escuchada. Afirma con rotundidad que comer demasiadas vacas está calentando la Tierra. Ha estado en Madrid en la conferencia Crisis alimentaria: problemas y posibles soluciones, organizada por el PSOE. Contó a José Luis Rodríguez Zapatero, y a Robert Watson, el director de la ONU para Agricultura y desarrollo científico (IAASTD), su particular verdad incómoda. "Es como si tuviéramos una vaca en el salón de casa y nadie quisiera mirarla".
La noticia en otros webs

"La industria de la carne provoca más emisiones de CO2 que el transporte"
"Deberíamos gravar la producción de alimentos para ganado"


Pregunta. ¿Qué daño están haciendo las vacas al calentamiento global?
Respuesta. La industria de la carne es la segunda causa del calentamiento del planeta. Siempre se habla del efecto de la construcción de edificios y del consumo que hacemos en ellos. Por supuesto, se habla del transporte, pero nunca se habla de la industria de la carne. Pues bien: el consumo en edificios es la primera causa; la industria de la carne, la segunda, y el transporte, la tercera.


P. ¿Producen las vacas emisiones?
R. Sí, de metano, producido por sus flatulencias; de CO2, el que se genera para que ellas coman y el transporte de su carne a los mercados. Estamos destruyendo el Amazonas para alimentarlas. Hay que producir 900 kilogramos de comida para obtener un kilogramo de carne.


P. ¿Cómo se explica este desequilibrio?
R. Hay que tener en cuenta que hay una relación entre los crecientes precios de la energía, los costes de la comida y el cambio climático. La ONU ha hecho un informe llamado Feed versus food [Forraje frente a comida] en el que se concluía que el 39% de los campos del mundo se utiliza para animales. Otro 47% es alimento para las personas. El otro 15% es para productos industriales. Estamos utilizando el campo para alimentar a los animales cuando hay 2.700 millones de personas que gastan más de la mitad de su dinero en comida.


P. ¿Qué propone entonces?
R. Deberíamos empezar a pensar en gravar con impuestos la producción de alimentos para ganado y animar a producir comida para hombres. Igual que hemos puesto límite al dióxido de carbono, tenemos que frenar el consumo de carne.


P. Pero los granjeros tienen que ganarse la vida.
R. Por supuesto. Éste es un tema que quiero que quede claro. Hay que hacer la transición de manera que no afecte a los granjeros. Por eso son tan importantes los incentivos para el cultivo de alimentos para personas.


P. Esta teoría la hizo usted pública a principios de los noventa con su libro Beyond the beef [Más allá de la carne]. ¿Por qué nadie le hace caso?
R. Sí, es una historia vieja. Es muy triste que ni siquiera un líder mundial se haya preocupado de ello. Sólo hay dos personas que estamos hablando de ello. Rajendra Pachauri [el presidente del Panel Internacional del Cambio Climático y Premio Nobel de la Paz en 2007 junto con Al Gore] y yo. Ah, y Paul McCartney, que está muy involucrado y ha propuesto el lunes verde para que el primer día de la semana todo el mundo haga dieta vegetariana.


P. ¿Por qué están tan solos?
R. Porque concierne a la industria global de la ganadería y habría que cambiar los hábitos de la gente. Fíjese que precisamente su dieta, la mediterránea, que se basa en tomar grandes cantidades de fruta y verdura y muy poca de carne, es perfecta. El problema es que en países como el mío se consumen cantidades de carne inadmisibles. Tomamos incluso más proteínas de las que podemos digerir.


P. ¿Usted come carne?
R. No. Se puede decir que soy vegetariano al 95%. Empecé en 1977, pero bebo leche y tomo un poco de pescado.